Esta noche empecé a recoger los trozos que durante el día se han ido desprendiendo de mi cara. Al principio no sabía muy bien qué hacer con ellos, su tacto era incluso desagradable sin ese sustento sanguíneo que acostumbran a tener. Como no podía dormir, comencé a juguetear con ellos, una ficha aquí, otra allá...
No sabía que tuviera tantos rostros.