No pudimos evitarlo.
La noche no llegaba y sentíamos el frío de las calles,
la gente parecía caminar de modo automático, sin rumbo fijo pero con determinación. No pude escuchar lo que tratabas de decir desde la otra acera, estiramos los brazos pero no podíamos alcanzarnos. La gente caminaba en nuestra contra, nos alejaba.
De repente, en la distancia, me pareció ver que una lágrima recorría tu mejilla, después te perdí.
No pudimos evitarlo.