La espada y la pared.
Demonios de ojos brillantes, cegadores, mirada de diamante, terror,
y esconderse en los grises de la ciudad,
y no encontrar refugio,
el verano no ofrece piedad alguna.
Sostenemos el reloj entre los dedos,
impacientes, movemos las agujas,
corred, corred, más!
Pero ofrecen resistencia,
el otoño se esconde en los calendarios,
y tú, inmóvil, en el suelo,
aprietas los dientes
como queriendo
morder la vida que se escapa
entre los agrietados labios moribundos.
Oscar — 10-08-2005
Manuel — 10-08-2005